Entre pitos y flautas (capítulo III)

Anastasia labraba en su memoria

con paciencia y poco entendimiento

todo lo que pasaba sin euforia,

Cojonin no paraba ni un momento

de rogar el perdón de su mujer.

La pobre lo miraba con la lupa

escuchando la voz imperceptible

El duende le gritaba sin parar

— Amada de mis más dulces amores,

no pienses que tu esposo es un enano

que mañana verás que cual verano

dentro de ti pondré miles de flores,

no podrás soportar tantos calores. 

Anastasia ni en sueños comprendía

lo que aquel ser pequeño le decía.

— No entiendo lo que dices, está claro

que la normalidad en ti no existe,

¿una poción de bruja me dijiste

que te transforma en bicho o en humano?

En mi noche de bodas mancillada,

un comino pareces en mi cama,

pues yo voy a dormir el desencanto

que no quiero llorar, terrible llanto.

¡Pobre mujer sedienta de placeres!

¡Pobre marido esclavo de su suerte!

Anastasia roncaba dulcemente

cojonín se acurruca en una oreja

de su amada, que sin razón se queja.

Sin pensarlo dos veces entre sueños

sus oídos tocó con gran esmero

el duende se agarró fuerte a su dedo,

que anastasia chupo rápido y fuerte.

Cual chupete usaba desde niña ese dedo para sentir alivio 

es por casualidad que sin aliño

a su marido enano se comiera.

¡Oh, pobre Cojonín! Vaya manera

de quedarse muy dentro de su amada

Engullido igual que una aceituna,

en plena digestión de amargas bilis.

Ahogado por las babas pegajosas

de su propia mujer en plena boca

el duende se murió por ser idiota

y no tener poción en sus haberes

para cumplir con todos sus deberes,

una noche de boda lujuriosa,

una muerte siniestra y asquerosa.
El sol volvió a salir, por la ventana,

con sus rayos despierta a la señora, 

se estira y se muere de la risa,

— Es un sueño, ¡ Por fin he despertado!

mi amor no puede ser verde y enano,

mas es verdad que sí, sí me he casado.

Anastasia llamaba enamorada

con voz insinuante a su marido,

mas nadie contesto, —pues se habrá ido,

siempre toma café en la posada,

con tantas emociones estoy mala

voy a poner mi cuerpo en buena hora

que las tripas me duelen y me lloran.

Así fue Cojonín descalabrado

perdido en el desagüe pestilente

convertido en marrón su verde fuerte.

Mas la historia que no, no ha terminado,

ahora yo tengo un duende en mi lavabo…
FIN….
María del Mar Ponce López

Reservados todos los derechos de autor.


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18 comentarios en “Entre pitos y flautas (capítulo III)”

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