Entre pitos y flautas (capítulo I)

Entre pitos y flautas D. Manuel

se encontraba en la iglesia bien vestido,

Malhumorado, seco y la hiel

le llegaba a la punta de la nuez.

Se casaba su hija de penalti

y entre tanta sonrisa y paripé

criticaba la gente su desliz,

ya se sabe, un rico regaliz

engullido por hombre de postín.

Don Manuel recibió la enhorabuena

de la gente del pueblo de La Sorna,

un lugar de montaña que se enreda

en un bosque que huele a hierbabuena.

Felicidad sin fin entre invitados,

una lección de gusto y de decoro,

mientras el cura canta como un loro,

don Manuel se seduce por los hados.

Hadas, no, que los cuentos suenan malos,

ante un guerrero místico y valiente,

conocido por todos en oriente,

Occidente, en fin por todos lados

por ser rey de la paz y de los magos.

Don Manuel se casó con Almudena,

una bruja de escobas sin el rabo,

por lo cual encontró un buen esclavo

en el mago Manuel que viejo era.

Con el paso del tiempo, con arena,

con pócimas de amor y cuatro cosas

nacieron de los cardos mariposas.

Anastasia llegó sin más espera

una tarde de negra primavera,

no fue fruto de amor, que fue un hechizo

de la bruja nocturna California,

cien años entre sueños y achicoria,

y un millar entre frascos y entre sapos.

Se enamoró de un viejo escarabajo

que resultó ser rey de Catacumbas

señor oscuro inmerso entre las tumbas,

mas eso lo dejamos para luego. 

Don Manuel con astucia y con un ruego

consiguió que la bruja lo escuchara

y su mujer quedaba embarazada

con una condición más que evidente,

que con un duende verde se casara.

Y por eso nació niña y hermosa

Anastasia, cual bella mariposa.

Los duendes eran seres deleznables,

más que duendes, gigantes parecían,

sus poderes llegaban y crecian

en el mar de la muerte más decente.

Anastasia creció sin más demora,

y por más que su padre se negaba,

la bruja California le obligaba

a cumplir con el trato de la boda,

el duende la arrastró como a las olas

a un lugar escondido del infierno

y entre llamas de amor y fuego eterno,

le dio puro placer a la chiquilla

que gritaba de gusto cual ardilla

y se manchó de verde su cosilla.

Y tanto le gustó que la regaran

que se regó y regó con la manguera

del duende que gritaba sin condena

volviendo a darle gusto a tal mujer

que se llenó de verde y de placer

hasta dejar de ser una mozuela.

Dos meses sin parar de darle al verde,

Anastasia se puso verde oscuro

y preñada quedó de un ser desnudo

pero, ¡que estaba bueno el desgraciado!

más que un queso manchego bien curado.
Continuará

María del Mar Ponce López

Reservados todos los derechos dede autor.

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26 comentarios en “Entre pitos y flautas (capítulo I)”

  1. Solo mis citas con mis amigos de las batas blancas y verdes, (los peores), me ha impedido venir a verte estos días, Mar, pero estanfo aquí … me quedo y me llevo ese …
    “y entre llamas de amor y fuego eterno,

    le dio puro placer a la chiquilla

    que gritaba de gusto cual ardilla

    y se manchó de verde su cosilla.”

    Ardo en deseos de ver la continuación.
    Feliz tarde

    Le gusta a 2 personas

  2. Jajaja, es impresionante , Me quedo prendado de este relato prendido en versos y con la bella Anastasia teñida de verde esperanza y extasiada, hasta un penalty interviene en la historia, que no tiene jugada vana y además un duende que hace lo que puede para ser un nuero excelente. Un beso.

    Le gusta a 1 persona

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