La dama (capítulo IX)

– Esta carta es un misterio,

para mí no puede ser

solamente otra mujer

que de señora se pone

vive aquí, esto me impone

y a la vez me descompone.

¿De quién será este papel?

Doña Carla no quería

meterse en tales asuntos,

pero la duda corría

encima de sus difuntos

y más su curiosidad,

metijosa como era

y, cogiendo unas tijeras

que estaban en el lavabo

la abrió sin gloria, ni pena,

sin perjuicios ni condena,

y leyó la prueba clara

del engaño de su nuera.

-pero si es una cualquiera

en su momento lo dije

y aquí está lo que predije,

¡Vaya con D. Luis, el juez!

como una linda manzana

aparenta ser señor

y se ha convertido en rana.

Por lo pronto callaré,

que mi hijo es muy garrulo,

prefiero lamerle el culo

a la loca de Melisa,

que se manche la camisa

con la sangre de un mal bicho,

que mi hijo es un borrico.

Por fin volvió doña Carla

al comedor y a la mesa

-Madre, tiene mala cara

¿Se encuentra bien, madre mia?

y esque doña Carla estaba

blanca como la pared,

tanto que se camuflaba.

Melisa sorbía la sopa

sin mirar a la mujer.

-¡Qué exagerado, Ezequiel!

siempre ha sido así su cara,

y con los años la piel

es más blanca y arrugada.

La suegra se puso roja

de coraje y mala leche

apretó la dentadura

con mucha fuerza y locura

por no contar el secreto,

y se encontró en un aprieto

se le rompieron los dientes

que eran perfectos postizos

y se cayeron al plato

quedandose como un pato

con la lengua y con el pico.

-Pero madre, ¿qué le pasa?,

se arruga como una pasa

¿no es suya la dentadura?

– Hijo, ¡vaya mala pata!

me la puse en Albacete

cuando me rompí los piños

jugando con unos niños

al me pillas y te pillo.

Melisa se controlaba

por guardar las apariencias

mas se quedó sin conciencia

y soltó la carcajada

más grande de su existencia.

-Lo mismo lleva peluca

jajaja, doña Botijo

señora que no se educa

tampoco educa a su hijo,

jajaja quedó sin dientes,

se cayeron en la sopa,

esta escena me sofoca

es un chiste de mal gusto,

y al mismo tiempo es un susto.

Y usted me decía hace un rato

que yo estaba en camisón,

alucino con la escena

y prepararé de cena

Galletas en un porrón,

jajaja ¡Qué descontrol!

Doña Carla descompuesta

ocultó su pensamiento.

– Te voy a contar un cuento

no perderé la ocasión,

la risa solo es el don

que dura muy poco tiempo

te reirás de mi dolor

mas no olvides los refranes,

y no pierdas tu ocasión

reir el último es mejor.
María del Mar Ponce López

Reservados todos los derechos de autor

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13 comentarios en “La dama (capítulo IX)”

  1. ¡Ay! que sin ser consciente del peligro, está Nuera haciendo aspavientos, ignora que está citando a la madre que parió al toro y hay mucho cuerno suelto en ese comedor. Aquí se repite la tragedia antes de irse a dormir. Don Luís y el Botijo acaban a estocadas fijo, fijo. Un beso.

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