La dama (capítulo VII)

Melisa cual dama honrada

bordaba un mantel azul

y con detalles de tul

con ternura lo adornaba,

en la habitación dorada

que se construyó en su día

para reunión de labores,

de costuras y de horrores

pues sin duda los rumores

verdaderos o inventados

mientras unas veinte manos

no dejaban de coser

las diez lenguas se enredaban

en largas, duras batallas

de chismes entre chismosas,

y ellas se pensaban rosas

en el jardín de las damas.

Ezequiel entró contento

a donde estaba su esposa.

– ¡Hola, linda mariposa,

mi amor, mi noche y mi día!

La mujer no se creía

tales muestras de cariño,

de fina zalamería.

– Vamos a tener visita,

dentro de pocos minutos,

mi madre viene a la misa

de mi abuelo D. Urbano.

En ese punto Melisa

hasta se pinchó la mano

con la aguja. ¡Qué descaro!

que no vino ni a su boda

está mal esa señora

entre alaridos pensó.

Dejó pronto la costura.

– Me parece una locura

y una falta de respeto

que venga por estos lares.

Espero que sus modales

se acostumbren a este techo,

si no puedes dar por hecho

que a la posada la envío.

-¡Eso no, cariño mio!

es mi madre, ten paciencia

no aguantarás su presencia

más de cuatro o cinco días

-Que para mí serán años

o siglos seguramente

que ya conozco a tu gente

Ezequiel, ¡maldita sea!

que tu madre me cabrea

solamente por correo

imagina si la veo…

Melisa cambió la cara

de blanca pasó a morada.

– Mujer, no tengas rencores,

tú sabes lo que te quiere.

– jajaja de sus amores

solo tengo cardenales

que hasta tuvo la osadía

de tocarme lumbares

con la pierna, más bien pata,

que como mula con capa

me ha tocado los bemoles.

Ezequiel quedó sin risa.

Con ira y resentimiento

resoplaba con la brisa

de su maldito tormento.

– Me da igual, viene mi madre

la señora de Botijo

y como soy un buen hijo

es mi deber darle cama,

alimentos y cobijo.

No tardará date prisa,

hay que avisar a Juliana

que prepare bien la mesa,

no le pille por sorpresa,

la pobre es algo marrana.

El esposo muy contento

salió cantando y bailando,

Melisa quedó llorando

enfadada y ofendida.

– La señora de Botijo

¡Qué nombre más apropiado

con el cuerpo mal fachado!

La mala leche que tiene,

¡Ay señor! ¿Quién la detiene?

mi marido es un tarado.

¿De dónde saco paciencia

para aguantar sus caprichos?

No lo sé, pues hasta un bicho

tiene más arte y decencia.

Mientras estaba Melisa

hablando y cosiendo sola

oyó voces en la sala.

– Ya llegó, la muy malvada

a fastidiar, la botijo,

no es poco aguantar al hijo

que tengo que ver la cara

de quien lo parió canijo.
Continuará…

María del Mar Ponce López

Reservados todos los derechos de autor

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5 comentarios en “La dama (capítulo VII)”

  1. Jajajaja. Ya solo faltaba una suegra malhumorada sembrando enjundia para tener la escena completa. Ezequiel salta de contento, Don Luis desesperado, la criada avispando. Es un enredo de cuidado que mejora cada capítulo. Un besazo.

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  2. Y cómo éramos pocos,
    parió la abuela
    como proclama el refrán
    que la señora Botijo,
    va a venir a visitarles
    y quizá lo que pretenda
    es quedarse de señora
    en la casa de la nuera,
    con el permiso del hijo…

    Esto se está poniendo muy interesante. Besos.

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