Treinta y dos años sin ti (romance dedicado a mi padre)

Treinta y dos años sin ti

ahora tienes a tu amada,

ya no te sientes tan solo

cuando llega la mañana.

Desde tu tumba a su tumba

una paloma de nácar,

lleva un te quiero en su pico

mientras bailan vuestras almas.

Tanto tiempo sin tus manos

me convierten en escarcha,

ahora tengo más dolor,

ahora me siento más rara

pues me quedé tan oscura

como un verso sin palabras.

Nada te voy a contar

sobre mis sueños y lágrimas,

sobre mi niñez perdida

ante la fina guadaña

de la muerte más injusta,

más dolorosa y extraña.

Pero ya llegó tu esposa

para cubrirte de plata,

para darte la riqueza

de su ternura lozana.

No imaginas lo que duele,

lo que me duele su falta,

lo que me duele tener

este dolor que me mata.

Padre, tienes mucha suerte

por fin pudiste besarla.

Yo sé que te habrá contado

lo dura que fue tu marcha,

lo mucho que nos costó

luchar sin ninguna espada.

A veces sueño que voy

a visitar vuestra casa 

y me siento tan feliz

que se me nota en la cara.

Quiero que sepas que llevo

el peso de la nostalgia

en mi pobre corazón

lleno de sangre que amarga.

Treinta y dos años sin ti

pesan, duelen y amordazan,

pero ya no estás tan solo,

ahora tienes a tu amada.
Maria del Mar Ponce López

Reservados todos los derechos de autor

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