Canto de adolescente

Florecida su piel en plena aurora

se desnuda la luna, que en su lecho

deja dulces pasiones en su pecho,

sin remedio la niña se enamora

sin saber de corduras ni despecho.
Rebelde cual tormenta desatada

escoge del camino la aventura

incierta, que se aferra a su cintura

y la ignorancia cuelga de su almohada

siendo víctima fiel de la alborada.
No escuchó la bondad de la experiencia

de aquellos que la vieron con espanto

tropezar y caer, después el llanto

no pudo remediar tanta inconsciencia

y otra niña se duerme con su canto.
María del Mar Ponce López 

Reservados todos los derechos de autor

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